Itziar Mujika Chao y Linda Gusia: la persistencia de la solidaridad feminista en los conflictos armados, las guerras y los procesos de paz
Itziar Mujika Chao (Hegoa, EHU) y Linda Gusia (Universidad de Prishtina) han compartido durante años interés de estudio: los movimientos de mujeres y las activistas feministas en Kosovo desde las décadas de 1980 y 1990, periodo en el que se intensificó la violencia sistemática del gobierno serbio y de las fuerzas armadas. En el artículo “Genealogia feministen continuuma”, publicado recientemente por la revista Campusa, ambas reflexionan acerca de qué es posible aprender de las guerras en estos momentos de crisis y de cuál es el papel que juegan las feministas en estos contextos.
Las dos investigadoras explican que, aunque sus orígenes y trayectorias son muy diferentes, se hacían preguntas muy parecidas. Linda, albanesa, vivió directamente la violencia sistemática y la guerra; formaba parte de los movimientos feministas que investigaba. Itziar, vasca, se ha acercado al contexto y la guerra de Kosovo, así como al movimiento feminista, desde la investigación. Sus procesos de investigación, desde 2014, compartían un fuerte elemento común: la persistencia de la solidaridad feminista en los conflictos armados, las guerras y los procesos de paz.
“Un poco de curiosidad feminista”, subrayan, “pone de manifiesto los arraigados mecanismos, redes y sistemas de poder que crean una imagen de la realidad distorsionada por el género y las estructuras raciales y de clase que las perpetúan”. En el caso de Kosovo, por ejemplo, el movimiento feminista participó en la resistencia pacifista de los años 90, estuvo presente al estallar la guerra, sufrió las consecuencias de la intervención de la OTAN “y se reestructuró tras la guerra y en medio del proceso de reconstrucción, que supuso también un proceso de retradicionalización”.
Además de la cuestión de las mujeres como víctimas de la violencia sexual, de su utilización como arma de guerra, las investigadoras explican que los estudios y los medios de comunicación se centraron sobre todo en el aspecto más visible: el coste humano de la guerra y las consecuencias de la intervención de la OTAN. “La realidad era también otra, de mayor detalle”, sostienen, “e incluía las múltiples fuerzas interrelacionadas que configuraban la vida cotidiana: el movimiento feminista que surgió como respuesta a la violencia sistémica de Estado anterior a la guerra y ha sido una constante en todos los contextos sociopolíticos de Kosovo”. Pese a esta riqueza, perduran determinados estereotipos, como la consideración de las mujeres kosovares como sujetos “atrasados" que dependían de la antigua Yugoslavia y la afirmación de que el movimiento feminista “era un producto de la posguerra”.
En un primer momento, las mujeres comenzaron a organizarse para exigir justicia por lo que les pasó a sus hijos, “que eran devueltos en féretros tras marcharse de casa para incorporarse al ejército yugoslavo”. Poco a poco, el activismo feminista se fue caracterizando por la supervivencia cotidiana y por la reproducción constante de las redes solidarias. Ejemplo de ello es el Centro de Protección de las Mujeres y la Infancia creado por Sevdije Ahmeti y Vjosa Dobruna: “allí, además de prestar servicios médicos a mujeres y niños, se organizaban mayores movilizaciones en el sótano y creaban vínculos internacionales con otras mujeres”.
“La solidaridad feminista se ha extendido y sigue extendiéndose”, sostienen Itziar Mujika Chao y Linda Gusia, “a través de diferentes redes y en muchos espacios geográficos, porque el continuum de resistencia feminista sigue ahí: inacabado y constante”.
Información adicional
Itziar Mujika Chao es profesora del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la EHU y miembro de Instituto Hegoa.
Linda Gusia es profesora de Sociología en la Universidad de Pristina (Kosovo).
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